A medida que pasaban los años, Lysander sintió que su tiempo en este mundo se acercaba a su fin. Aunque su cuerpo comenzaba a debilitarse, su espíritu permanecía tan fuerte como siempre. Había vivido una vida plena, llena de amor, sacrificio y logros. Había visto el mundo transformarse ante sus ojos, y sabía que su legado perduraría.