La noche había caído, 7:00 p.m. y el día apenas terminaba. Rebecca no podía estar más cansada al igual que su amiga Judith.
Cuando la última clienta salió del negocio, Judith y Rebecca pudieron por fin ver un momento de descanso.
—¡Vaya día! —Expresó Judith dejándose caer en su silla de plástico.
—¡Ya lo sé! —Contestó Rebecca doblando las bolsas.
—¡No sé qué habría hecho sin ti!
—¡No exageres!
—En fin, parece que por fin podemos hablar de tu mañana.
Los ojos de Rebecca se abrieron de par en par