La mañana después de la boda amaneció con una luz grisácea que se filtraba a través de las cortinas de mi habitación. No había dormido, porque había pasado la noche en vela, sentada en el borde de la cama, escuchando el silencio de la mansión y preguntándome si Rocco también estaba despierto, no lo sabía, no había vuelto a saber nada de él desde que se había retirado a su habitación la noche anterior.
Cuando el sol comenzó a iluminar el cielo, me levanté con un peso en el pecho que no lograba s