El día amaneció gris, como si el cielo mismo supiera que aquella boda no era una celebración, sino una sentencia. Me desperté con el peso de la decisión cargando sobre mis hombros, y el eco de las palabras de Rocco resonando en mi mente: "El amor no puede detener una bala." Pero el amor podía detener el miedo, el problema era que yo ya no sabía si lo que sentía era amor o supervivencia.
Bajé las escaleras con paso lento, sintiendo que cada escalón me acercaba a un destino que no había elegido.