—¿Qué pasa? —preguntó Rocco, con sus ojos grises fijos en mí. —Tienes el rostro pálido.
La pregunta me tomó por sorpresa, no esperaba que notara mi palidez tan pronto, pero allí estaba, con esa mirada penetrante que siempre parecía ver más allá de lo que yo quería mostrar.
—Solo estoy cansada —respondí, sintiendo que las palabras se atascaban en mi garganta. —He estado estresada todo el día esperándote.
—¿Por qué no descansaste?
—Porque no podía, estaba preocupada.
Rocco frunció el ceño ligeram