La decisión de pasar a la ofensiva había sido tomada, pero el peso de esa decisión aún se sentía en el aire de la casona. Después de la conversación con Carlos y la confirmación de que Julián nos estaba vigilando, Rocco había estado inusualmente callado. No era el silencio tenso que solía acompañar sus momentos de estrategia. Era un silencio distinto, más pesado, como si estuviera cargando con un peso que no sabía cómo compartir.
Lo encontré en el estudio, con la carta de Benedicta abierta sobr