El trayecto hacia el banco fue más silencioso de lo que esperaba. Rocco conducía con las manos firmes sobre el volante, la mirada fija en la carretera, pero su mandíbula estaba tensa, como si estuviera sosteniendo una conversación interna que no se atrevía a compartir conmigo. Yo iba en el asiento del copiloto, con las manos entrelazadas sobre mi regazo y la mente dando vueltas alrededor de las palabras de Carlos.
"Benedicta fue, sin temor a equivocarme, el gran amor de la vida de Rocco."
¿Cómo