La casona de los viñedos parecía más oscura después de recibir aquel mensaje anónimo. Las palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez: "La primera pieza es solo el comienzo. La próxima vez que te muevas, el juego terminará."
Rocco había guardado el teléfono sin decir una palabra, pero su mandíbula tensa delataba que no se tomaba la amenaza a la ligera. Habíamos entrado de nuevo en el vestíbulo, y la luz de la luna se filtraba a través de los cristales polvorientos, proyectando sombras alarga