La presión de las manos de Rocco sobre mis hombros era firme, sólida, atrapando mi cuerpo de espaldas contra el gran ventanal de la oficina presidencial. A través del cristal polarizado, la lluvia fina continuaba golpeando la ciudad, envolviéndonos en una penumbra grisácea que volvía el aire completamente sofocante.
La tarjeta médica satinada de la Clínica Obstétrica San Judas, esa semilla de misterio que Beltrán había sembrado para dividirnos, seguía presionada contra el vidrio a escasos centí