La llamada llegó a las siete de la mañana, apenas unas horas después de que hubiéramos vuelto, sin prisa, a ser Verónica Fénix y Rocco Altamirano. Fue Marta, la directora financiera, con una voz que no reconocí al principio de lo alterada que sonaba.
—Señora Fénix, necesito que venga al despacho ahora mismo, las acciones del Grupo Fénix se están desplomando.
Rocco, que todavía se estaba anudando la corbata frente al espejo, se quedó quieto al escucharme repetir la frase en voz alta. En cuestión