Dormimos casi todo el día, cuando por fin abrí los ojos, ya entrada la tarde, encontré la habitación bañada en una luz dorada distinta a la del amanecer que habíamos visto juntos horas antes, sentados frente a la chimenea, agotados de tanto hablar. Rocco todavía dormía a mi lado, con el rostro relajado de un modo que rara vez se permitía, y por un momento me quedé quieta, simplemente observándolo, dejando que la calma de la tarde terminara de asentarse en mí.
Carlos había avisado, con una discr