Capítulo 87.
POV Marcela.
El silencio de mi apartamento en las afueras de la ciudad se sentía como un peso opresivo esa mañana, el sol filtrándose a través de las persianas rotas en rayos polvorientos que iluminaban el desorden: maletas a medio hacer, una ecografía arrugada sobre la mesa de la cocina, y mi vientre prominente reflejado en el espejo agrietado del baño. Siete meses. Siete meses de náuseas matutinas, de patadas que me recordaban que no estaba sola, de noches en vela preguntándome si había tomado la decisión correcta al no decirle nada a Gael antes. Pero ahora, con la renuncia firmada en mi bolsillo y el boleto a Londres quemando en mi mano, no había vuelta atrás. El drama de mi vida —una existencia forjada en venganzas y lealtades— se había transformado en algo más personal, más vulnerable: maternidad inesperada, un amor no correspondido que había dejado huella en mi vientre.
No había sido parte del círculo de Martina por años; nuestra alianza había nacido de la sangre y la furia. Yo