Para Inna, los minutos se sienten como horas mientras ella da vueltas alrededor de la sala, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Su respiración es irregular, y cada tanto se detiene frente a la puerta de la habitación donde el doctor está revisando a Vera, como si con solo observarla pudiera acelerar el tiempo. Pero nada sucede.
Retomando sus vueltas por las salas, el sonido de sus propios pasos sobre el suelo parece ser el único acompañante a su creciente ansiedad.
Tomando asiento en e