Layeska se encuentra sentada en la cama, abrazando sus piernas con tanta fuerza que sus rodillas presionan contra su pecho. Su pequeño cuerpo tiembla con ligeros espasmos. Con cada sollozo que trata de contener, muerde su labio inferior hasta hacerlo doler. No quiere hacer ruido. No quiere que la escuchen y molestar a esos señores.
El cuarto en el que está encerrada es frío y oscuro. La única luz proviene de una bombilla en el techo que parpadea a ratos, amenazándola con dejarla en la oscuridad