El sonido de los tacones de Anastasia golpeando el suelo en cada paso que da, resuena en la oficina, acompasado por su respiración alterada. La pelinegra va y viene de una equina a la otra, cruzando la habitación con pasos rígidos, las manos crispadas a los costados y el ceño fruncido en un gesto de pura furia contenida. Frente a ella, Dmitry, Grigori y Arman la observan en silencio desde sus asientos. Arman está tras el escritorio, mientras que Dmitry y Grigori ocupan los sofás individuales qu