Anastasia permanece inmóvil frente al barandal de la terraza en la casa de Dimitri, mientras la brisa nocturna acaricia suavemente su rostro y hace danzar los mechones sueltos de su cabello. A esa hora de la madrugada, el cielo se muestra profundamente oscuro, tachonado de estrellas, extendiéndose como un vasto manto de incertidumbre sobre sus pensamientos. Sus brazos se encuentran cruzados en un intento ligero de encontrar un poco de calor, pero aun así, no logra evitar los escalofríos que rec