El sol se hundió en el horizonte, arrojando un brillo dorado sobre la ciudad mientras Olegda caminaba hacia su panadería favorita. Los acontecimientos de las últimas semanas la habían dejado cautelosa, pero no podía permitir que el miedo dictara su vida. Cuando entró a la panadería, el dulce aroma de los productos recién horneados la envolvió, aliviando momentáneamente sus preocupaciones. Intercambió bromas con la dueña de la panadería, la señora Johnson, quien se había convertido en un rostro