La mansión Maxwell se veía envuelta en la bruma del amanecer, testigo de la tormenta que había azotado la familia en las últimas horas. Mervin, con el peso de las decisiones en sus hombros, enfrentó a Ariadna en el despacho donde alguna vez compartieron risas y sueños.
El silencio llenó la habitación antes de que Mervin rompiera el hielo con palabras cargadas de decepción y amargura.
─ Ariadna, ya no puedo seguir contigo. Nuestro matrimonio ha llegado a su fin. ─ Mervin habló con firmeza, su mi