El sol se despedía lentamente en el horizonte, pintando el cielo con tonos de naranja y púrpura, cuando la tragedia golpeó nuevamente la vida de Olegda Ferry. El teléfono sonó con una urgencia inesperada, y la voz del oficial de policía al otro lado de la línea la sumió en un abismo de dolor y desconcierto.
─ Señorita Ferry, lamentamos informarle que sucedió algo terrible. Encontramos al bebé de Ariadna sin vida, y en su mano sostenía un pedazo de suéter que parece ser suyo. Necesitamos que ven