••Narra Vienna••
La puerta de la habitación se abrió sin previo aviso.
Levanté la vista, esperando a la enfermera o al doctor Werner. Pero no era ninguno de ellos. Era Maximilian. Su figura alta y poderosa llenaba el marco de la puerta, su rostro severo que apenas ocultaba algo que no sabía descifrar.
Parpadeé, confundida.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, mi voz más cortante de lo que pretendía—. Pensé que te habías ido.
Maximilian cerró la puerta detrás de él y caminó hacia la cama. Sus pasos eran