El doctor Werner entró con una carpeta en la mano y una expresión que no sabía descifrar. Mi corazón se aceleró, tal y como ocurría cada vez que lo veía. Tenía un miedo tonto a que alguien me bajara de la nube de felicidad a la que me había subido.
Mis malas experiencias con los doctores me seguía atormentando.
—Señorita Harlow —dijo con una sonrisa un poco tensa, ofreciéndome la carpeta—. Estos son los gastos médicos. La cirugía, la estancia en el hospital, los medicamentos y los honorarios