La casa que había comprado Maximilian era completamente nueva. Lo sabía por el olor, por la falta de objetos personales y porque la misma agente inmobiliario le entregó las llaves en mi presencia con una sonrisa. Hasta yo sonreiría con la enorme comisión que seguro ganó al vender la propiedad.
Aunque este lugar era muy curioso. No parecía el lugar habitual de Maximilian, no tenía su estilo minimalista, frío e indiferente. Al hablar de Maximilian siempre me imaginaba el pethouse. Es más, hasta