Su cuerpo estaba lleno de marcas. Mis marcas. Mis dedos lucían a lo largo de su cintura, mordidas adornaban sus pechos y sus caderas. Estaba tan perfecta, pero tan adolorida.
Un desastre valioso, pero tenía que limpiarla, cuidarla, demostrarle que era diferente.
—¿A dónde me llevas? —preguntó una vez que la tomé entre mis brazos.
Su cuerpo era pequeño, casi no pensaba y eso me preocupaba. Ha estado comiendo más, pero no es suficiente. Necesito alimentarla mejor.
—Vamos a lavarnos —declar