••Narra Maximilian••
Ya estaba amaneciendo.
Estábamos llegando al final.
El trato es de una noche, pero no lo permitiría, no ahora que volví a probarla. Tenía el mismo dulce sabor que hace dos años.
Ahora necesitaba encontrar una manera para continuar compartiendo cama. Me negaba a soltarla.
Mis dedos recorrieron su espalda con lentitud, sintiendo cada curva, cada hueso, cada respiración profunda. Estaba dormida, su cabello castaño esparcido sobre la almohada, sus labios entreabiertos,