Me mantuve quieta en medio de la calle, sintiendo como la sangre dejaba de circular por mis venas.
Acababa de ser amenazada por un prestamista, me dijo que no le contara esto a nadie y ahora, Maximilian estaba aquí.
No volteé, pero no fue necesario. Sabía que el hombre que me acompañó a la salida debía estar observándome a través de la puerta de cristal. ¿Y si le decía a su jefe? ¿Y si nos disparaba a quemarropa?
El corazón me dio un vuelco ante el pensamiento. Maximilian avanzó a paso rá