••Narra Vienna••
El taxista me ayudó a volver a la silla de ruedas pese a que no se lo pedí. Fue todo un caballero.
Ambos vimos el edificio con la misma mirada interrogativa. Se veía viejo, la pintura estaba corrida, ni siquiera tenía el nombre de la asociación en la entrada y la pared estaba algo agrietada.
Miré el correo electrónico nuevamente, pensando que tal vez me confundí, pero no. La dirección era la correcta: Calle del Prado 24, edificio central, planta baja. Pero no parecía un