Tragué saliva, siendo consciente que detrás de mí, se encontraba el demonio del inframundo. La sangre dejó de circular por mis venas.
No quería verlo, pero no tenía opción. Darle la espalda sería lo peor que podía hacer.
Respiré profundo, presionando el panel de control para girar sobre las ruedas.
Ahí estaba, el hombre que me arruinó la vida hace dos años y aún así me obligué a mí misma a tratar de aceptarlo, de comprenderlo, solo por ser mi esposo, solo porque nuestras vidas estarían l