El "Acorazado de Hierro" se arrastraba por lo que alguna vez fue la Interestatal 80, ahora una cicatriz de asfalto agrietado devorada por una vegetación sintética de color grisáceo.
El motor, que antes rugía con furia, ahora emitía un silbido asmático. El alcohol destilado de "The Rust" era impuro, y los filtros del camión estaban al borde del colapso.
Valeria mantenía las manos firmes en el volante, pero sus párpados pesaban. Llevaban dieciocho horas sin detenerse.
A su lado, Ricardo roncaba