La niebla matutina de Londres se había disipado, dejando paso a un sol pálido que iluminaba los rascacielos de Canary Wharf.
Valeria Miller caminaba con paso firme hacia la sala de juntas de la nueva sede del Grupo Montes, acompañada por Sebastián, quien sostenía una carpeta de informes con una sobriedad profesional impecable.
Sin embargo, el ambiente del día era diferente; hoy no se reunirían con banqueros ni abogados, sino con Lord Alistair Vance, un magnate de la tecnología británica y uno d