Roger salió de la oficina después de un arduo día de trabajo, llegó a la mansión, al entrar su madrastra ya lo esperaba. “¡Roger!” El no se detuvo, la ignoró caminando hacia las escaleras.
“¡Roger!”. Se escuchó la voz chillona y lamentable. La pensión que se les daba no costeaba todos sus gastos y tenía que rogarle a Roger que ayudará a su hijo en los negocios. Desde que perdió las acciones, vivían de forma precaria.
Al fin se paró en el primer escalón y se giró para ver a la mujer. “¿Qué qui