NINA
—Tranquila—me dice besándome suavemente—seré dulce contigo.
Vuelve a pegarse poniéndome a temblar las piernas con su lengua y dedos tocar puntos sensibles que me llevan en menos de nada a llenarle la boca con el manantial que el mismo provoco.
Me toma en brazos y camina conmigo subiendo las escaleras hasta abrir la puerta de una alcoba en la cual me deja sobré la cama y gateo mostrándole las nalgas que azota cuando hunde el colchón poniéndome a hervir la carne la cual castiga provocando