8. EL ERROR IMPENSABLE
Esto debe ser el karma, no debía reírme de la desgracias de mi jefe. Me pego a la pared corriendo, mientras miro a Leonard, que trata de tapar la mancha en su pantalón mientras maldice una y otra vez que no puede hacer nada.
—Señorita Clío, acérquese por favor —me llama.
—No puedo señor, venga usted, necesito de su ayuda—. Le pido casi en una súplica. Él me mira y avanza, cubriendo con su mano el pantalón.
—Señor, necesito que me dé su saco —balbuceo mirando a todas partes.
—¿Mi saco? —se