234. CONTINUACIÓN
David seguía distraído ajustando unas configuraciones en el panel, no tarda en alzar la mirada en su dirección; su sonrisa es serena.
—Somos discretos, Susan —responde a la pregunta con firmeza—. Pero también metódicos. Aprendimos del mejor.
—¿De tu padre? —pregunta Susan, sin titubear. —¿Pero no era cineasta lo que hacía? ¿Cómo resulta que ahora es un ingeniero genio?
—No, señor, los estudios solamente son para confundir; nuestro verdadero trabajo es otro, tanto el de mi padre como el nu