167. UNA VISITA INESPERADA
Leonard me abraza con fuerza, llenándome de besos. Sus cejas se fruncen un poco, y el pulgar de su mano comienza a acariciar mi mejilla mientras limpia mis lágrimas que ruedan libres por mis mejillas.
—No te castigues por algo que no sabías. Ambos hicimos lo que pudimos con lo que teníamos y ambos fuimos cobardes a nuestra manera —admite, bajando la mirada durante un segundo, pero luego volviendo a sujetarme con esos ojos que siempre me hacen sentir pequeña y al mismo tiempo invencible—. Lo