Con pasos seguros Claudia y Soledad cruzaron la calle, pronto entraron en un pequeño restaurante, las mesas de madera tallada hacían juego con las sillas, la decoración sencilla, rústica y a la vez elegante, daban una sensación de calidez, luego de atravesar el local se pararon frente a una pequeña mesa en un ambiente privado, ambas se sentaron a la mesa, el encargado del servicio les sirvió a probar el vino.
Ambas optaron por vino blanco Claudia miró a Soledad.
—Ya Soledad no me mires así, piensa que te hice un favor.
Soledad frunció los labios.
—Para empezar si tú no hubieras buscado a Saúl nada de esto pasaría.
Claudia contestó con una sonrisa.
—Fijate que por eso mismo te estoy ayudando a solucionar este lío.
Para satisfacer su curiosidad Soledad continuó.
—Dime cómo supiste dónde estaba.
Claudia se aclaró la garganta.
—En realidad no sabía dónde estabas, pero sí sabía dónde suele pasar David, lo demás fue suerte, le seguí y di con ustedes.
Soledad aún no cuadraba sus ideas.