Con pasos seguros Claudia y Soledad cruzaron la calle, pronto entraron en un pequeño restaurante, las mesas de madera tallada hacían juego con las sillas, la decoración sencilla, rústica y a la vez elegante, daban una sensación de calidez, luego de atravesar el local se pararon frente a una pequeña mesa en un ambiente privado, ambas se sentaron a la mesa, el encargado del servicio les sirvió a probar el vino.
Ambas optaron por vino blanco Claudia miró a Soledad.
—Ya Soledad no me mires así, pie