En el automóvil, Brenda iba cantando una nueva canción que hablaba de caracolas en la playa arrastradas por el mar. Soledad iba atenta al camino y pendiente de las niñas. Al observar que Brenda empezaba a quedarse dormida, detuvo el auto y la acomodó en una posición más cómoda. Cuando faltaban diez minutos para llegar, Brenda se despertó con hambre. Soledad le indicó el camino, aseguró que llegaría pronto. Estaba en la última parte del camino. Fue en ese momento que su cuerpo se tensó, un sudor frío recorrió su espalda y empezó a faltarle el aire. Con la visión borrosa, detuvo el auto y recordó el coche de Gustavo dando vueltas después del chirrido de las llantas antes de su muerte.
Hubo un silencio abrasador, el frío colándose en el auto. Priscila empezó a llorar. Soledad la consoló con su voz y pidió a Brenda que le enseñara la nueva canción de las caracolas en el mar. Priscila sonrió al escuchar la canción y Soledad, con cautela, reinició el recorrido al hogar de Brenda.
Soledad en