Brenda le indicaba a Soledad lo que aprendió con su padre y el otro instructor mientras caminaba, tal y como le pidió Soledad. De repente, llegó Gastón, el encargado de mantenimiento de los establos, y reprendió a Soledad sin siquiera saludar:
—¡Hey, señora! A esta hora es peligroso que la niña esté practicando y ese caballo no lo pueden usar.
Soledad solicitó a Brenda que continuara con caminatas suaves mientras hablaba con él.
—¿Por qué no lo podemos usar? ¿Acaso le faltan vacunas o el carné