Soledad sirvió y degustó cada bocado hasta terminar. David hizo lo mismo y, al finalizar la cena, chocaron las copas en un brindis por la amistad.
—Yo voy a lavar los platos. Tú ve al cuarto y abrígate.
—¿Dónde vas a dormir tú?
—Tengo un cuarto de huéspedes. Esta noche lo usaré yo.
—No quiero estar sola. Acompáñame, por favor.
—No es conveniente que usemos la misma cama.
—¿Por qué? Solo será esta noche.
—Te dije que estoy casado. Las tentaciones como tú deben estar lejos de mi alca