Iris
Soledad sirvió y degustó cada bocado hasta terminar. David hizo lo mismo y, al finalizar la cena, chocaron las copas en un brindis por la amistad.

—Yo voy a lavar los platos. Tú ve al cuarto y abrígate.

—¿Dónde vas a dormir tú?

—Tengo un cuarto de huéspedes. Esta noche lo usaré yo.

—No quiero estar sola. Acompáñame, por favor.

—No es conveniente que usemos la misma cama.

—¿Por qué? Solo será esta noche.

—Te dije que estoy casado. Las tentaciones como tú deben estar lejos de mi alcance.

—¿Puedo dejar la luz prendida?

—Si eso te hace sentir mejor, hazlo.

Cuando Soledad se fue a la recámara, se puso a analizar lo que había hecho. No sabía qué le pasó. Nunca había sido así de "regalada". Pedir a David, un desconocido, que durmiera a su lado era descabellado. Él, aparte de casado, era guapo. Jamás lo había imaginado...

David

Soledad llegó a mi vida a descuadrar toda mi existencia. Yo, que aparte de mi madre no he amado a nadie, me veo convertido en su protector y mi
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