Estamos en ruina.
La avenida se encontraba transitada, Sandra sin darle importancia a la gente que miraba se bajó del auto, Esteban le arrojó la maleta sobre el pavimento, Sandra la recogió y empezó a caminar sin rumbo. Esteban la seguía de cerca, con las manos firmes en el volante, la mirada fija en dirección a Sandra.
Cuando Sandra iba a preguntar el precio de una habitación en un hotel de mala muerte, su teléfono empezó a sonar. Era Saúl, quería saber dónde estaba para salir a buscarla.
La voz exasperada de S