A pesar de la perspicacia de Graciela, los pasos dados por su hijo le acortaron las salidas, fue llamada por Hernández y prefirió asistir antes que el caso se hiciera público. Graciela con su traje elegante acudió a la oficina de Hernández.
Su aire de soberbia en la mirada, el cuerpo erguido, gafas oscuras pidió permiso con cortesía e ingresó a la oficina.
—Fiscal Hernández, aquí estoy acudiendo a su llamado.
Hernández se puso de pie para invitarla a sentarse después de estrechar su mano.
—Buenas tardes, señora Graciela de las Casas, agradezco su presencia sin que haya una orden judicial de por medio.
Graciela colocó su cartera sobre sus piernas y sonrió.
—Es mi deber, encontrar a mi nuera o demostrar que huyó con un amante. Para mí es primordial cerrar este asunto.
Hernández sacó sus apuntes previos.
—Entiendo su situación, estoy haciendo todo lo que está en mis manos para aclarar el tema. En base al caso ¿Conocía usted al señor Jordano Rosas?
Con las manos sosteniendo su cartera