A pesar de la perspicacia de Graciela, los pasos dados por su hijo le acortaron las salidas, fue llamada por Hernández y prefirió asistir antes que el caso se hiciera público. Graciela con su traje elegante acudió a la oficina de Hernández.
Su aire de soberbia en la mirada, el cuerpo erguido, gafas oscuras pidió permiso con cortesía e ingresó a la oficina.
—Fiscal Hernández, aquí estoy acudiendo a su llamado.
Hernández se puso de pie para invitarla a sentarse después de estrechar su mano.
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