El agradable aroma de la comida despertó a Soledad. Andrea, sosteniendo una charola con el almuerzo, se encontraba de pie junto a la cama mientras Jordano preparaba la mesa.
—Buenas tardes, estimada Soledad, debes comer algo.
—Gracias.
—Cuando termines de comer, vienes al despacho.
—¿Qué te hace pensar que obedeceré?
—No sé, pero si yo no puedo hacer que me obedezcas, tal vez Selena sí.
—¿Qué le hiciste?
—Nada, ella está bien, pero si quieres hablar con ella, vendrás al despacho justo después de comer. Andrea, te encargo a la señora.
Andrea se quedó de pie junto a la cama mientras Soledad comía. Ella le indicó que esa habitación y todo lo que contenía estaba a su disposición. Una vez terminada la comida, Andrea se dispuso a retirar la vajilla mientras Soledad buscaba ropa para cambiarse.
Diario de Soledad
Hoy, que desperté en una casa desconocida, Jordano y el ama de llaves me trajeron el almuerzo a la habitación. Es irónico que aún use el vestido de mi boda y que sea Jordan