Don Jesús y Ángel decidieron hacer una reunión especial para celebrar el matrimonio de sus hijos.
Aquella tarde, cuando Soledad y William volvieron con sus ojos aún rojos, pero sonrientes mientras caminaban de la mano, Jesús los interceptó en la plaza. Con su voz emocionada y urgente, les pidió que lo ayudaran. William, con el afán de contribuir a la sorpresa, llevó a Saúl e Isabella a la finca donde iba a empezar su nuevo proyecto de equitación con la elaboración de un plan general para sus es