La mansión principal de la familia Valderrama en las afueras de Medellín se alzaba imponente sobre una colina, rodeada de jardines de rosas blancas cuyos pétalos parecían marchitos tras la lluvia de la noche anterior.
Este lugar era el dominio de Elena Valderrama, un palacio que más se parecía a un museo de tristezas y secretos bien guardados.
Valentina bajó del coche negro de chapa que Sebastián le había proporcionado.
Aunque todavía estaba cansada después de cuidar a Miguel en la UCI, se ne