La luz del sol de la mañana que se filtraba por las rendijas de las cortinas de la habitación VIP ya no resultaba deslumbrante para Valentina.
Si hace unos meses, la luz del amanecer solía traerle recuerdos amargos de desalojos y soledad, esta vez la mañana traía consigo una fragancia de esperanza tangible.
Sobre la mesita de noche, seguía allí la carpeta negra que contenía los títulos de propiedad de la clínica, que el abuelo le había entregado la noche anterior: una prueba física de que la