El rugido de las hélices del helicóptero que partía el aire frío de Medellín desapareció poco a poco, sustituido por un silencio opresivo dentro de las instalaciones subterráneas situadas en las afueras del Valle de Aburrá.
Valentina bajó del helicóptero con el cuerpo temblando violentamente, no solo por el frío residual de la tormenta, sino también porque la adrenalina comenzaba a disminuir, dejando un dolor punzante en su espalda.
La camilla de Miguel fue empujada rápidamente por un equipo m