La luz del amanecer se filtraba a través de los grandes ventanales de la habitación principal de la residencia Valderrama, iluminando el rostro de Valentina, que parecía más serena aunque su mente ya trabajaba con la precisión y rapidez de un instrumento quirúrgico.
Se había despertado antes de que sonara la alarma, sintiendo unas pequeñas patadas en su vientre que parecían ser la señal de que la lucha de ese día ya había comenzado.
A su lado, Sebastián ya no estaba; el hombre se encontraba e