Esa mañana, el penetrante olor a antiséptico del hospital fue finalmente sustituido por la fragancia de azucenas frescas que llenaba la cabina del lujoso automóvil de Sebastián.
Tras semanas confinada en una agotadora rutina de reposo absoluto en el hospital central de Bogotá, Valentina fue declarada lo suficientemente estable como para volver a casa.
Sin embargo, su regreso esta vez no se dirigía al pequeño apartamento donde se había escondido, sino a la residencia principal de la familia Va