El mundo de Valentina parecía sacudirse, pero no por una explosión.
Era el vaivén de la camilla que la transportaba fuera del búnker hacia el helicóptero médico de Nova-Life.
Su conciencia iba y venía como una mala señal de televisión.
Podía sentir el viento frío de la montaña golpear su rostro cubierto de sudor, y luego escuchar el estruendo ensordecedor de las hélices.
"¡Estabilícenla! ¡No dejen que muera antes de firmar el resto de los documentos!" La voz de Isabella se oía débilmente por