Las luces neón del laboratorio subterráneo de la Clínica Santa Fe parpadeaban lentamente, reflejándose en una hilera de tubos de ensayo que contenían líquidos claros pero mortales.
Valentina ahora más conocida como Elena Santoro permanecía de pie con su bata de laboratorio blanca, mirando la pantalla del monitor que mostraba la estructura molecular del suero Alpha-R contaminado.
Estas huellas de proteína recombinante no son un error de producción, Sofía dijo Elena sin volverse a mirar.
Es la