Esa noche, la puerta de entrada de la mansión de El Poblado se abrió para recibir una fila de coches de lujo negros que llevaban al consejo de administradores del Grupo Valderrama.
No se trataba solo de una cena; era un juicio para la posición de Sebastián como CEO.
Valentina se quedó frente al gran espejo de su habitación, mirando su reflejo envuelto ahora en un vestido de seda color plata pálido, un vestido que ella misma había elegido después de desechar el provocativo vestido rojo que Seb